miércoles, 14 de julio de 2021

Tu voz

 

LUNES, 5 DE JUL. DE 2021 23:42

Otra vez tu voz. Me encanta tu voz, tu entonación. Hablar contigo me pone nerviosa y me relaja a la vez ¿Será eso posible?

Hablamos realmente mucho rato. Hace muchos años que no hablaba tanto por teléfono. 

Probablemente con la persona que más hablé fue también contigo, en otra época.

Me conversaste de esas épocas, de hecho. Y me contaste por qué habías actuado de la forma en que lo hiciste. Lo sé, porque ya me lo habías dicho. Lo que yo no te dije en esa oportunidad -y creo que hoy tampoco te lo dije lo suficientemente claro- es que yo no me di cuenta de tus necesidades porque era muy egoísta y si mi mundo estaba bien, todo estaba bien, por un lado, y por otro, yo chapoteaba de felicidad por estar junto a ti. Me sentía tan en las nubes que no vi más allá de mis narices y las cosas que alcanzaba a notar, les hice el quite, las intenté ignorar como pude, porque no quería ver. Sufrí muchísimo cuando me dejaste, de verdad no lo vi venir (o no lo quería ver) y confirmar mis sospechas, a pesar que ya habíamos terminado, me destrozó. Fue como si una bomba me hubiera explotado en la cara, literalmente sollozaba en un restaurante del centro repleto de gente, hasta moqueando, con hipo y no podía parar a pesar que la gente se volteaba de sus asientos a mirarme. De hecho, me tuvieron que sacar de ahí porque estaba dando un jugo de antología (sin haber tomado nada más que agua). Y salí de ese lugar solo para seguir llorando casi a los gritos en plena calle, una tarde de verano, al anochecer.

De ahí en adelante traté de no pensar en nada. Ni en ti, ni en tu infidelidad, ni siquiera en mi.

Simplemente me dejé llevar, seguí funcionando en automático.

En algún punto que ni siquiera recuerdo bien, empecé algo con la Cxxx, que apenas duró un mes, porque en eso apareciste otra vez y yo no dudé ni un segundo, porque, verás, en el fondo de mi corazón nunca hubo dudas.

Luego tengo como una nebulosa de recuerdos confusos, en que de alguna forma volvimos, nos inscribimos en ese diplomado y todo se derrumbó para ambas. Me transformé en un verdadero monstruo: te amaba pero odiaba lo que me habías hecho. Ni siquiera entiendo muy bien cómo, pero al verte, solo quería abrazarte y retenerte para siempre al tiempo que era incapaz de creer una sola palabra que saliera de tu boca. Era como si hubiera perdido la razón. No me justifico: no creo que pueda olvidar lo que hice, pues con cada acto hiriente que pude desplegar en tu contra, no solo te hice sufrir sino que también sufrí yo. Me odié por ser tan débil y te odié por haber provocado eso. Te amé también, si es que eso tiene alguna lógica. (Y, por sobre todo, te pido perdón, de todo corazón. Me faltarán días para arrepentirme y avergonzarme)

Luego de eso, no tuve tiempo de mucho más, porque fue la época en que a mi mamá la desahuciaron y me dediqué a cuidarla. Volqué en ella todo mi cariño y estaba tan enferma que, literalmente, fui su enfermera 24/7. Es en esa época en que aprendí a cocinar mejor (para darle en el gusto a ella y lograr que comiera).

Fue en ese tiempo también que empecé a comprender un poco mejor la forma de funcionar de las personas, a tolerar primero y aceptar después, que cada persona es un mundo y que todos somos luz y sombra. Es algo que estoy aprendiendo constantemente y que aún no domino. Pero tú ya sabes que no soy precisamente “virtuosa”, ¿verdad?

Cuando mi madre murió, se murió con ella parte importante de mi mundo. Mis certezas, mis seguridades se esfumaron así: pafff!!! Y las cosas empezaron a perder sentido para mi. Pensé en llamarte para contarte pero no lo hice, porque supuse que no querrías saber más de mi ni te importaría.

importaría.

Y no te equivoques. La Cxxx no era mi pareja en ese tiempo. No lo fue sino hasta el año siguiente. Y por qué lo fue? Porque yo también, así como tú, necesito la compañía. Me complica estar sola, aunque sea por la sola presencia que no acompaña en nada pero ahí está.

Y así pasaron tres años más, hasta que un buen día nos encontramos en el centro a pito de nada. Prácticamente chocamos ¿lo recuerdas? ¿Realmente crees en las casualidades? ¿A ese nivel de detalle?

Yo nunca andaba en el centro por la tarde. Jamás. Y menos con el frío de junio y lo friolenta que solía ser. Y la posibilidad de que justo tú estuvieras en pleno centro a esa misma hora, caminando por la misma calle, por la misma acera y en sentido contrario al punto de encontrarnos frente a frente, entre medio de cientos, quizás miles de personas?

Reencontrarte fue reencontrar la felicidad, la alegría de vivir, la energía. Significó tantas cosas lindas pero también otras cosas que no lo eran tanto.

Y te juro que temí por mi, por mi integridad. Yo te amaba. Más bien, te seguía amando, quizás más que antes. Probablemente un poco mejor que antes, pero de manera tan imperfecta y con tanto miedo que no podía dejar de intentar interpretar cada gesto, cada palabra y cada ausencia como un posible rechazo. Yo sentía que me amabas cada vez que nos encontrábamos pero en tu ausencia, me atacaba el desamor, anticipando que tarde o temprano me desecharías y yo sería incapaz de volver a tolerarlo. Y, lo confieso también, no estaba dispuesta a cambiar la seguridad que me daba la Cxxx frente a la falta de certezas que tú me provocabas. Así que opté por convencerme de que no me querías, que solo jugabas conmigo y arranqué. Sí, además estaba depresiva-compulsiva-bipolar-como sea- pero no pienso excusarme en eso porque tenía noción de lo que estaba haciendo, sopesé posibilidades y heridas y huí.

Para el 2015 de verdad que había cambiado. No te voy a decir que había madurado lo suficiente ni nada porque yo puedo dar una sensación de madurez que es muy equívoca, incluso para mi. Pero sí puedo asegurarte que estaba dispuesta a dejar todo atrás por ti. Ya estaba plenamente consciente de lo que tú significabas en mi vida y me creía capaz de hacerte feliz y ser feliz a tu lado,  y te lo dije pero fuiste muy tajante al afirmar que no dejarías a Kxxx por mi. Se me partió el corazón al escucharte y ver tu expresión indescifrable mientras lo hacías. Aún así seguimos por un tiempo, porque creí que te iba a lograr convencer, o que yo lo iba a poder superar, pero no. Llegó el minuto en que no fui capaz y la derrota me liquidó. Te mediste en cada palabra, en cada gesto y hasta sensación porque tenías a Kxxx incrustada hasta la médula y se podía notar.

Así que no me quedó más que irme por donde había llegado, una vez más.

De lo último ¿qué puedo decir de lo último? Tú no necesitabas un amor. Necesitabas una amiga, una confidente y un desahogo y traté de serlo. Necesitabas que alguien escuchara tus penas, comprendiera tu desamor y yo lo hacía e intentaba con todas mis fuerzas permanecer ahí sin esperar nada, ser nada más que tu amiga pero de verdad me resultó imposible sostenerlo. ¿Puedo ser tu amiga?  Claro que puedo serlo, pero no puedo ser solo tu amiga. Al menos, no he podido hasta ahora.

Esta es mi historia contigo, esto es lo que pasó según yo, así es como yo lo viví.

(Y de ahora? Pues desde el estallido famoso que necesitaba hablar contigo y decirte lo que me pasaba. Y al empezar la pandemia, la urgencia fue cada vez mayor porque ahora sí existía el riesgo real de perderte, de no verte más.

De alguna forma, cada vez que dejamos de vernos antes, mantuve la esperanza de volver a encontrarte. Esto, sin embargo, es inmanejable y no podía dejar pasar más tiempo. Aún así aguanté lo más que pude, porque pensé que después de tanto desaparecer, era mucho más probable que ya no quisieras saber más de mi)


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